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3 de septiembre de 2009

¿Negación o aceptación? yo diría más bien Contradicción

¿Por qué algunas lesbianas pierden todo el sentido de su femineidad e intentan a toda costa parecerse a un hombre en su aspecto físico?
Empiezo con esta pregunta porque no logro entender por qué si en estos tiempos hay mayor apertura en cuanto a manifestar libremente las preferencias sexuales, algunas lesbianas transitan por las calles de nuestra ciudad ocultando sus pechos detrás de camisas sumamente holgadas, escondiendo las líneas de su cintura y sus caderas con pantalones que no les hacen ninguna forma. He notado también que pierden la gracia al caminar y no demuestran la menor delicadeza en sus movimientos.
Aclaro que esto es mera percepción, en realidad no pretendo expresar juicios de valor negativos hacia las mujeres con preferencias sexuales distintas a las mías, ni críticas negativas u ofensivas que denigren su integridad. De antemano pido disculpas si alguien se siente ofendido, no es mi intención que así sea.
Tampoco tiene que ver con la igualdad que plantea el feminismo, pues soy más partidaria de la equidad, ya que por naturaleza humana, somos diferentes no sólo en el aspecto físico, sino también en cuanto a capacidades y habilidades. Para mi se entiende mejor cuando pienso en hombre y mujer como un complemento más que en opuestos (no me estoy limitando sólo a la condición de género, sino que hago referencia a roles dentro de una pareja) .
Para mi no hay nada más hermoso que el cuerpo femenino, sin importar su voluptuosidad, ya que por naturaleza, es atractivo. Es verdad que la sensualidad no representa ninguna habilidad, sino que se manifiesta de manera natural, pero también es cierto que toda mujer es capaz de explotarla, aún siendo homosexual.
¿Qué encuentra de satisfactorio una mujer en asumir la apariencia de un hombre?
En lo personal, considero que el hecho de sentirse atraída hacia otras mujeres, no debe implicar adoptar formas de vestir o de actuar como hombres, menos cuando ha habido una lucha en contra de la discriminación y los derechos de los homosexuales. Desde mi punto de vista, hacerlo representa utilizar un disfraz para ocultarse a sí mismas, lo cual resulta contradictorio en relación con aquello por lo que están luchando.
Reconozco que aún hay cerrazón en este sentido, pero lo que intento plantearme es: ¿por qué estas mujeres adoptan una imagen masculina, alejándose de su naturaleza femenina o renunciando a ella?. Me parece que finalmente la naturaleza es la que determina su homosexualidad y por lo tanto, no se puede ir en contra de ella.
Se dice por ahí que las mujeres buscamos siempre competir con otras mujeres, que nos arreglamos para ellas, para que nos admiren o para que nos envidien. Opinión que en lo personal no comparto, pues considero que una mujer que cae en este tipo de acciones, no está alimentando su propia femineidad, sino la de otras mujeres, quedándose cada vez má vacía de sí misma.
Pero si esto fuera cierto, entonces me surge la siguiente duda: si las lesbianas intentan generar que otras mujeres se enamoren de ellas ¿no se supone que deberían prestarse más atención y procurarse para lucir hermosas para lograr atraer a otras mujeres? Me parece una gran contradicción que estas mujeres busquen parecerse a un hombre para que otras mujeres se fijen en ellas.
Posiblemente estoy cayendo en la frivolidad, pero como lo dije anteriormente, esto sólo es mi percepción.

6 de agosto de 2009

La esencia de un músico

Para todos los músicos que llenan mi vida...
Leyendo un artículo sobre "las leyendas del rock" de los años 60 entendí que la música no es sólo un medio de expresión, va más allá de eso. Es un estilo de vida y al mismo tiempo, una forma de entenderla, es comunicación, ideología y a al mismo tiempo, identidad. La música, elemento para el disfrute de las personas en general, no se reduce al instante en el que uno escucha, es tan amplia como su varidead de estilos y géneros. Los músicos no hacen música sólo para divertir a otros, y menos aún aquéllos que han estudiado, que tienen creencias y valores bien fundamentados en todo un bagaje cultural y social. Se ponen a sí mismos en situaciones que les permiten conocer el mundo y a la gente desde su intensidad para después comunicarlos con su voz, sus manos, su aliento y su cuerpo. Son personas en extremo sensibles a quienes en muchos casos, la vida les representa un dolor eterno, pero al mismo tiempo, la mayor felicidad, siempre y cuando puedan estar en contacto con el mundo a través de su trabajo, lo más valioso que tienen.
Conozco a muchos músicos y hasta hoy, no terminaba de entenderlos, pues su estilo de vida es completamente distinto al mío, aunque no así su forma de pensar, de entender la vida, de adentrarse y asumir sus sentimientos. Me gusta verlos tocar sus instrumentos porque tal cual, son una extensión de su corazón.
Admiro verlos con los ojos cerrados y los oídos bien abiertos vibrando junto con la música amplificada en el lugar en el que se presentan. Su conexión no es con su público, el momento de tocar es estar en contacto con el alma, con su ser interior, por eso son apasionados, buenos amantes, susceptibles.
Son personas excesivamente vulnerables a lo que pasa a su alrededor.Por eso se les mira siempre serenos, callados y distantes. No por temor a que algo los lastime porque viven con el corazón abierto, sino porque constantemente observan y escuchan, no sólo con sus ojos, ni sólo con sus oídos, sino con la piel. Cualquier cosa representa para ellos una exaltación de sus sentimientos. Siempre prestan atención en los más mínimos detalles porque para ellos representan los más profundos sentimientos.
Son personas sencillas que disfrutan de los momentos y experiencias de forma muy distinta a otras personas. Diría que no caen en convencionalismos, pero hasta en su mundo hay patrones establecidos. Manejan códigos propios que sólo otros músicos pueden leer. Son seres que transitan y conviven con los demás, pero cuyas mentes y corazones habitan en una realidad donde los sonidos, las partituras y las métricas son su lenguaje traducido en música, en la misma música que se transforma en recuerdos y experiencias para otros.
Es un mundo aparte al que sólo pueden tener acceso quienes en mayor o menor medida, comprenden este lenguaje, mismo que explican y comparten a los que manifestamos un gran interés por conocer.
Sólo que hay algo muy cierto en todo esto, uno puede admirar a un músico, ser un gran conocedor, pero jamás podrá ser uno de ellos, cuando se es sólo espectador, aunque ellos digan que cualqueira puede hacer música, lo cual para mi es algo difícil de creer, pues no todos tenemos el don de la sensibilidad.
Creo que todos estamos hechos para algo, pero no cualquiera puede ser músico. Este post no es más que un reconocimiento con gran respeto y admiración a los músicos, es un agradecimiento por ser los mejores compañeros durante la vida cotidiana.

28 de junio de 2009

Bipolar

Para Xiana
Me despierto con un sobresalto, una taquicardia hace que mi corazón vaya a mil por hora, las manos me sudan y tengo mucho miedo. Mi respiración está completamente agitada, me cuesta mucho respirar y cada vez me siento más atemorizada. Intento levantarme apoyando mis manos en el colchón y siento la cama húmeda, la camiseta de algodón que llevo puesta está empapada y comienza a enfriarme la espalda.
En el silencio de mi habitación escucho un susurro que de principio no logro descifrar, pues la intensidad con la que trato de equilibrar mi respiración no me permite oír ni ver con claridad quién está en mi cuarto. Cuando por fin logro estabilizarme, me doy cuenta de que es mi voz repitiendo -me quieren matar- una y otra vez. Sé que soy yo, pero no siento el movimiento de mis labios...
Inquieta, comienzo a voltear en todas las direcciones posibles, pero la oscuridad no me deja ver, siento presencias en la habitación y no alcanzo a adivinar quién está conmigo pero no me genera ninguna confianza. Sigo sentada en la misma posición y por más que mi voluntad me empuja a levantarme de la cama, mi cuerpo no responde. Empiezo a temblar y no logro distinguir si es por el frío que tengo o es el miedo de sentirme amenzada.
Ahora que recaigo, no sé en qué momento me quedé dormida, el último recuerdo que tengo es que estaba en la sala de mi casa pintando, las lágrimas no dejaban de derramarse por mis mejillas de manera involuntaria. Mientras continuaba con la colección que ahora estoy preparando para mi próxima exposición.
No dejaba de pensar en él, entre mi depresión, escuché que tocaron a la puerta y el sonido de la mano golpeando contra la madera, me hacían sentir intranquila, dejé mi paleta sobre la mesa y me acerqué lento, miré a través de la mirilla, no vi a nadie, seguían tocando y pregunté quién era.
La voz que me respondió era la suya, sólo que estaba disfrazándola para que no pudiera reconocerle, me dijo que era el vecino del piso de arriba, no le creí y le pedí que se fuera, no logré disuadirlo, se alteró y comenzó a gritar como siempre lo hacía cada vez que intentaba alejarlo de mi vida. Gritaba enojado, cada vez más hasta llegar al punto de la neurosis, yo no dejaba de repetirle que se fuera, que ya no había motivos para estar juntos, que necesitaba paz en mi vida y que si me quería, se alejara pero no le importó.
Sus golpes contra la puerta eran cada vez más fuertes, azotaba su cuerpo contra ella hasta derrumbarla, cuando lo vi entrar enfurecido, corrí a esconderme detrás del lienzo que estaba montado a la mitad de la sala. Su furia no le permitía encontrarme y sólo gritaba mi nombre enojado, con la rabia transformando su rostro. Una expresión bastante conocida para mi, pues era la misma que siempre se encendía en él cada vez que me desmayaba agotada por los medicamentos o cuando le pedía que nos quedáramos en casa porque no me sentía bien.
El testereo del caballete delató mi escondite, se dirigió a él, quitó el lienzo que estaba pintando y lo azotó en el sillón, me tomó de un brazo y me estrechó bruscamente hacia él, cuando estuve lo suficientemente cerca de su rostro, comenzó a llorar y a suplicarme que volviéramos, que no podía vivir sin mi, que no le diera fin a nuestra historia. Ahora parecía otra persona, su voz adquirió un tono muy dócil pero no lo suavizó.
No paraba de hablar y llorar al mismo tiempo, sus palabras me lastimaban y tenía ganas de vomitar. Cuando por fin el llanto ahogó sus palabras, le expliqué que no debíamos estar juntos, que nos hacía daño y que además, mi enfermedad estaba cada vez más avanzada. Yo no quería condenarlo a cuidar a una loca pero esto en vez de tranquilizarlo y hacerlo entender, pero parecía no escuchar lo que yo le decía, su furia lo cegó de nuevo.
Al pedirle que se fuera de mi casa, me tomó por los dos brazos con mucha fuerza, mayugando mi piel pero más el alma, empezó a gritar de nuevo, me dijo que no le importaba que estuviera enferma si eso era justo lo que lo mantenía a mi lado, que yo era la única persona que podía entenderlo porque él también estaba enfermo. Enfermo de nervios, de rabia contra la vida que le había tocado vivir, la adicción de su madre y la neurosis de su padre, una pésima combinación.
Yo forcejeaba intentando soltarme, y esto hacía que me sintiera cada vez más débil, un desmayo se avecinaba, trataba de luchar en contra de eso y por más que trataba de tomar fuerzas, no podía. Él no cedía, al contrario, cada vez que yo trataba de escaparme , me apretaba más para no dejarme ir, como si eso le asegurara que en algún momento yo diría que sí a su petición...
Sigo sin poder levantarme de la cama, me he tranquilizado, mi corazón ha vuelto a su ritmo natural y mi respiración se ha normalizado, siento que se mueve a mi lado, levanta la cabeza y me pregunta -amor, ¿estás bien?- yo lo miro y al ver sus ojos, siento una infinita paz, mientras le respondo -sí, mi vida, sólo fue un mal sueño-, él hace un gesto de molestia que logra disfrazar con su hermosa sonrisa para luego decirme -ven, te arruyo para que puedas dormir- me aprieta contra él y el temblor desaparece. Yo le pido que me espere, por fin puedo levantarme y voy a la cocina con el pretexto de que necesito tomar un poco de agua, pero realmente es para asegurarme de que verdaderamente todo fue un sueño.
Al llegar a la sala, me dirijo hacia el caballete y veo el lienzo intacto, la puerta de la casa cerrada y la paleta sobre la mesa, entro al baño y no puedo evitar llorar, sólo que lo hago en silencio para que no pueda escucharme, esto provocaría una pelea entre nosotros y no tengo fuerzas ni ganas de discutir con él.
Me atacan los mismos sentimientos de siempre cada vez que tengo una crisis de estas, la impotencia de no saber cuál es mi realidad me pone mal, cada vez es más inquietante esta incertidumbre -mi mente es mi peor enemiga- otra vez tengo miedo -no quiero vivir así, ya no más y menos con él a mi lado, no me ayuda en nada, no puedo estar mejor-...
Respiro profundo tratando de tranquilizarme, cuando por fin lo logro, vuelvo a la habitación, enciendo la luz para tomarme un tranquilizante y me reconforta ver que mi cama está vacía, sólo están las cobijas y mis cuadros con los personajes que yo misma he creado. Me recuesto y logro conciliar el sueño de inmediato...