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3 de noviembre de 2009

Reflexión bajo el clima de otoño

De pronto miré a mi alrededor y me di cuenta de que las mujeres somos quienes ponemos la parte bonita y estética a la vida.

Llenamos todo de color y vida, sabemos apreciar los colores, las formas, aprovechar los espacios. Convertimos en intimidad hasta lo más simple con un detalle mínimo. Utilizamos luces, cuadros, telas, texturas, estampados para apropiarnos de los lugares y que sean un reflejo de nuestra propia alma.

Imaginé de pronto una casa sin mujeres y todo parecía gris, triste, sin vida, no necesariamente sin un orden, pero hacía falta alegría, luz… no creo que los hombres no tengan un sentido de la estética, es sólo que no lo valoran igual que las mujeres. Es sólo que no lo valoran hasta que no tienen una mujer a su lado y la pierden…

15 de julio de 2009

Hormonal

Hoy es uno de esos días en los que mi estado de ánimo depende de un frasco de pastillas.

Me hubiera encantado quedarme en casa, dormir un par de horas más para levantarme fresca, con excelente actitud y poder suspirar tranquila, inhalando una gran dosis de aire que me cargue de energía positiva, estirarme hasta casi tocar el techo de mi habitación y que truene cada una de las vértebras de mi espalda que últimamente se siente muy contraída.

Vestirme con ropa cómoda y tenis, hacer un poco de ejercicio, sudar todas las toxinas que he consumido durante las últimas semanas de muy diversas maneras. Darme un buen baño con agua fría para quitarme el calor de la humedad del clima y con ello, el sudor que por lo general no me incomoda, pero que llega a ser desagradable después de la actividad del día.

Salir a caminar un poco con el perro que ha vuelto a casa mejor de salud, pero que aún luce delicado por su pequeñez y por la calma que me transmite cuando me mira cazándome, mientras corre por todas las habitaciones, llevando y trayendo cada vez, un nuevo juguete.

Quisiera llevarlo a un parque grande, donde pudiera dar rienda suelta a su inquietud, jugar con otros perros que anden por ahí, soltarle su cadena, tirarme al pasto a leer un poco con los audífonos bien puestos mientras mi perro va y viene trayendo todo cuanto encuentra a la hora de realizar su papel de explorador.

Sentir el sol en todo su esplendor, iluminándome la piel y dejando su huella encima con un hermoso color, disfrutando de los cambios en los matices del cielo, viendo cómo las nubes tapan al sol amenazando con vaciarse encima de nosotros, pero después abriendo paso de nuevo al sol para que brille de una manera hermosa y a la vez un tanto asfixiante.

Regresar a casa y preparar una deliciosa comida, inventar una receta, abrir una botella de vino y sentarme en el sillón con música que complemente la exquisitez del momento. Darle de comer también al perro porque es demandante, recostarme, cerrar los ojos y poner la mente en blanco sin quedarme dormida pero sin inquietarme por algún pendiente ya sea personal o laboral.

Después de esa relajación, levantarme, arreglarme un poco y jugar de nuevo con el perro para después verme con algún amigo para tomar un café o un par de tragos, disfrutar una buena charla, recordar viejos tiempos y hacer planes para otros momentos de convivencia.
Regresar a casa, saludar a Rumi que como siempre está inmersa en su cibermundo y sentarme a ver alguna película de esas que sólo son para terminar el día con una buena sonrisa. Jugar otro rato con el perro y después ir a la cama sabiendo que mañana sí iré a la oficina, pero que hoy fue un día diferente.

Todo eso hubiera querido hacer hoy, así es como me hubiese gustado que fuera mi día...

Tomaré otra pastilla para terminar con mis pendientes, estar lo más tranquila y “de buen humor” que me sea posible y seré mujer de pocas palabras…

27 de junio de 2009

Bien y de malas

Es sábado, me desperté a eso de las 10 o 1030, en realidad no recaí en la hora, no suelo hacerlo cuando llega un fin de semana que es más esperado de lo normal. En teoría, debí haberme levantado con muy buen humor y energía, todo afuera se dispone para ello y además, tengo planes...
No es raro en mi despertar de mal humor, de hecho es mi estado natural a la hora de abrir los ojos y saltar a la regadera, con frecuencia suele durar un sólo momento e irse desvaneciendo una vez que llego a trabajar y observo una cara amiga.
Esta mañana no ha sido la excepción, sólo que fuera de alcanzar el buen humor después de unos instantes y de haber hecho algunas cosas, como ir al baño, salir a respirar aire fresco aunque sea para comprar cosas para el desayuno, mi mal humor no logra desaparecer.
La chica que atiende en la panadería, al igual que la mayor parte de los empleados del género femenino en esa tienda, parecen odiar su trabajo, tienen muy poca disposición y actitud de servicio. No digo que sea un trabajo demasiado agradable o en realidad no lo sé, alguna vez me tocó atender un ciber café y siempre intenté hacerlo de la mejor manera, no por la gente, sino por mi. La diferencia es que mi trabajo representaba una actividad veraniega que además, me dejara un poco de dinero para solventar mis gastos y actividades de fin de semana con los amigos.
Llego a la caja y de nuevo me encuentro con la misma situación, la niña/adolescente que empaqueta las compras, me pone aún peor, pareciera ser un zombie deambulando por el pasillo y muy poco pendiente de quienes estábamos saliendo de la caja. No fue hasta que la gerente le dijo que yo requería una bolsa, que se acercó a dármela. No tenía expresión alguna en su cara, ni si quiera me miró y en el momento que tomé la bolsa con mis cosas adentro y le dije gracias, dirigió sus ojos al piso, lo cual me irritó aún más. En un momento pensé en no darle propina, además no tenía cambio, quería darle sólo un peso, pues llevaba tres cosas nada más y eso sólo para no verme tan mal, pues al final, no culpo su actitud.
A su edad, yo despertaba los sábados más tarde, no tenía que preocuparme por ir a trabajar, sólo por planear la salida del día, ir al cine, qué película ver o si tenía tarea pendiente, pues hacerla.
Terminé por darle una moneda de dos pesos, primero la miró con desconfianza en mi mano, después la tomó, se le quedó viendo para ver de cuánto era y me dijo con voz seca y opaca -gracias- un gracias que hubiera preferido no escuchar, pues esto hizo que mi mal humor se intensificara, estuve a punto de decirle algo como -si no la quieres, dámela... y yo que tú me regresaba a mi casa porque aquí creo que no estás cumpliendo con tu trabajo- preferí callarme para no armar un escándalo, sólo respiré hondo y me mordí la lengua cuando me di cuenta de la pequeñez del detalle.
Salí del supermercado acelerada aún y con ganas de enfrentarme con alguien, en vez de tratar de olvidar lo sucedido en la tienda y darme cuenta de que el sol, a diferencia de ayer está en todo su esplendor y que el calor que está haciendo, es justamente el clima que más disfruto, el que siento que me pone de muy buen humor y que además le hace bien a mi piel.
En vez de ver aquello, fui alimentando mi coraje y enojándome más sin ninguna razón. Al entrar a la casa, me dispuse a prepararme de desayunar, sin tener en claro qué quería, cuando de repente, empiezo a actuar con una enorme torpeza, tiro la mitad del café que había en el frasco, y por consiguiente, me pongo de peor humor. Decido que no voy a levantar nada, ni a limpiar nada en el momento, no quiero que me sigan pasando cosas por hacerlas bruscamente. Prefiero sentarme tranquila, beber mi taza de café y tratar de relajarme para no hacer más tonterías.
Al darle vueltas al asunto de mi mal humor matutino del día llego, a la conclusión de que estoy muy distraída, la causa... la sé, pero no quiero aceptarla.
La gente en el súper siempre actúa igual, la gente en la calle siempre te mira según la impresión que generas en ellos, los días lluviosos llegan todos los años, que el café se te caiga de las manos y se esparza por todo el piso de la cocina, no es común, pero llega a pasar, aunque no siempre se trate del mismo producto. Todo lo que me ha tocado esta mañana sucede con frecuencia, el punto es, que hay algo que me está afectando y hace que lo que me pasa, se vea sucio, oscuro y de mal humor.
Ahora me siento mejor, todo se ve según como te sientas por dentro.